Final Feliz

Cuando era niña me encantaba ir a casa de mi prima Marifer, por muchas razones, por que ahí podía comer piruetas, salchichas, y jugar al banco con sellos de verdad, por que tenía la casa de la Barbie, la casita del árbol y muchas cosas más; pero uno de las cosas que más me gustaba eran unos cuentos en los que podías elegir el final, supongo que  todavía existen, no los he vuelto a ver. En estos cuentos tu podías elegir diferentes finales para tu historia dependiendo de la puerta que eligieras, desde luego lo leía todo hasta que tenia todos los finales posibles.

Todos los días nos encontramos con estás posibilidades con estás puertas que nos van cambiando el destino, algunas son sencillas como salgo a correr vs me como una dona, o jeans vs falda y aunque no todas las pequeñas decisiones que tomamos todo el tiempo inadvertidamente, tienen un peso específico, hay otras que definitivamente cambiarían el rumbo de tu vida para siempre.

Me gusta ir por esos camino de que hubiera pasado si... no con el afán de arrepentirme si no de explorar otras opciones en mi mente, otros finales de la historia. Muchas de estás veces descubro que
escogería  la misma puerta, aun sabiendo que me voy a perder en el bosque o que me va a salir el dragon y sin duda me voy a tener que enfrentar a la bruja, por que muchas de estás puertas que he elegido aunque han tenido momentos difíciles me han llevado a un lugar feliz.

Pienso en las veces que  he elegido la puerta en la que  tengo que brincar del acantilado sin saber si se va a abrir el paracaídas y siempre se ha abierto sin excepción.

Así que, seguiré abriendo muchas puertas, todas las que sea necesario para tener el final feliz.